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Artículo publicado en La Silla Rota, el día 6 de diciembre de 2021.

Aceptar que la docencia y la investigación deben servir al partido que, transitoriamente, esté en el gobierno, niega la racionalidad científica.

Como comunidad marchamos el sábado pasado del Parque Hundido al Conacyt. No importa si fuimos muchos o pocos, sino las razones para hacerlo, que son las mismas razones por las que los estudiantes han tomado los edificios del CIDE. Los mismos edificios que son su casa académica, no son ajenos a ellos.

La razón más inmediata tiene que ver con la incapacidad del Dr. Romero para generar las propias condiciones para su dirección. Por el contrario, el Dr. Romero ha sido enemigo de sí mismo. Con sus decisiones de destituir de sus cargos a profesores muy respetados, seguido de la ausencia de justificaciones razonadas; las descalificaciones a sus profesores; el menosprecio por la inteligencia de los estudiantes, se encargó de crear distancias con la comunidad que supone debería dirigir interinamente y pretendía hacerlo como definitivo.

Del distanciamiento pasó a la amenaza.

Las amenazas se presentaron con la suspensión de las comisiones de evaluación (CADI´s) y fue acompañada por la confesión, en sus propias palabras, de impedir que siguiesen en la institución por ser, a su juicio, “incómodos”; con las llamadas a profesores y profesoras con mensajes intimidatorios; con la emisión de comunicados públicos advirtiendo a los estudiantes que estaban ocupando un bien de propiedad pública, como anuncio de la posible criminalización de la protesta.

Con esto se encargó de dinamitar los puentes y se pasó a construir murallas. Sea por omisión o deliberadamente, no solamente careció de la capacidad de recomponer el conflicto, reconstituir las condiciones de gobernabilidad; sus decisiones, por el contrario, agravaron el problema y crearon otros, por imprevisión y descuido. Además, afectó las condiciones de objetividad e imparcialidad con las que deben evaluarse a los profesores.

La decisión de cerrar a “candado y cadenas”, fue del Dr. Romero. No fue una consecuencia de la ocupación de los estudiantes. Los estudiantes habían previsto y coordinado ya con el personal administrativo la continuidad en el funcionamiento. Culpar al paro de los problemas administrativos, es sólo eludir las consecuencias de su imprevisión.

Lo dicho hasta aquí, sólo es un muestrario de lo sucedido, que conduce a cuestionar seriamente la idoneidad personal, independientemente de cualquier otra consideración, de las capacidades personales y directivas para asumir un cargo de tal responsabilidad.

En tres meses de interinato, el Dr. Romero, de la normalidad creó una crisis.

Hay también cuestiones de visión y de entendimiento de la academia y de la investigación en un Centro Público de Investigación. En cuanto a su perspectiva académica destaca: i) el interés personal de lo que ha sido su propia línea de investigación y buscarle un acomodo institucional: la planeación y el desarrollo; y, ii) una cuestión más amplia: la crítica al neoliberalismo. En cuanto a su visión institucional expresó la idea de que un Centro Público de Investigación debe comprometer su docencia e investigación con el actual gobierno.

En cuanto a lo académico, lo común en el CIDE es la constante creación de líneas de investigación, sean personales o institucionales. Se crean divisiones académicas, programas especiales, interdisciplinarios, etc. Con una justificación adecuada es posible que las instancias colegiadas los aprueben.

En cuanto a la crítica al “neoliberalismo”, se precisa distinguir dos ámbitos: uno, el teórico o académico; y, dos, su uso político.

En el plano teórico, el neoliberalismo (o los neoliberalismos) y su crítica son moneda común y corriente; en el ámbito de la academia, el problema es ya un fantasma de papel. Para señalar, como ejemplo, una muestra de las críticas serias: las ciencias del comportamiento han cuestionado de raíz la idea del sujeto egoísta y racional que busca maximizar su utilidad. Las discusiones de frontera son ya otras.

Recurrir al “neoliberalismo”, en esta coyuntura, tiene un uso político: el de descalificar y estigmatizar a cualquiera que no esté de acuerdo. No se trata de una cuestión teórica o académica, sino de poder, de posiciones y de exclusión de los “otros”.

La crítica al neoliberalismo tiene, en las ciencias sociales, sus rigores metodológicos.

La crítica del Dr. Romero en su programa como candidato, no es de esas.

Hay formas de distinguir la crítica seria, del panfleto.

Que el Dr. Romero considere que un centro de investigación, por ser público, debe apoyar al gobierno en turno, es un problema de visión y de conocimiento de las condiciones y garantías constitucionales del conocimiento científico y de la ciencia del conocimiento científico y de la ciencia como bien público. Aceptar, que la docencia y la investigación deben servir al partido o a la corriente política que, transitoriamente, esté en el gobierno, lleva a negar la propia racionalidad científica y convertirla en militancia y propaganda.

El derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia y la innovación tecnológica a que se refiere el artículo 3 constitucional, presupone las condiciones para que el conocimiento científico sea posible, en particular la libertad de pensamiento, de libre circulación de las ideas, de la posibilidad de postular hipótesis y refutarlas.

El CIDE como un Centro Público de Investigación como una institución del Estado requiere tener las condiciones para que tales derechos sean garantizados.

Esta es la posibilidad que niega el Dr. Romero.

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