¿Y si no hay elecciones?

Artículo publicado en el periódico Milenio el día 10 de junio del 2020.

 

La pandemia del covid-19 ha puesto en jaque el funcionamiento de las instituciones democráticas y de sus necesarios contrapesos. Pienso en congresos y poderes judiciales paralizados o mal equipados para reaccionar ante el desafío. Más allá, nuestra democracia enfrentará retos inéditos sobre los que conviene reflexionar desde ahora.

Dentro de un año debe tener lugar la elección más grande de nuestra historia. Además de elegir una nueva integración de la Cámara de Diputados, se renovarán a 15 gubernaturas, 30 congresos estatales, mil 900 ayuntamientos y 16 alcaldías. Más de 95 millones de mexicanos serán llamados a las urnas y se deberán instalar unas 166 casillas en todo el territorio.

Para organizar esta impresionante logística, contamos un sistema electoral: 1) con reglas muy complejas, construidas con base en la desconfianza mutua entre los actores políticos y 2) que requiere el contacto directo entre las personas. Obtener la credencial de elector, seleccionar y capacitar a los millones de funcionarios electorales, desplegar campañas electorales, votar y después de contar los votos son tareas altamente reguladas que requieren necesariamente de la presencia física simultánea de muchas personas.

Organizar estas elecciones en 2021 en medio de una pandemia es un reto mayor que requerirá flexibilidad en un sistema que no está diseñado para ello. Casi con certeza, no contaremos con una vacuna (con suerte, con algún tratamiento efectivo). El problema no es teórico. El INE tuvo ya que posponer las elecciones en Coahuila e Hidalgo de este año.

Por si esto fuera poco, el Consejo General del INE está incompleto. El proceso de selección se suspendió por la crisis sanitaria. Y aún suponiendo que el Comité de Selección reanude su tarea y acabe pronto, todavía se requiere de la votación presencial de las y los diputados. Varias decisiones del INE requieren de una mayoría de ocho votos. Hoy solo hay siete. Súmele a ello que hay varios potenciales nuevos partidos potenciales, que el reloj sigue corriendo y que en un sistema tan litigioso como el nuestro, las decisiones siempre pueden ser impugnadas (y revocadas).

El INE enfrenta tiempos críticos. Vulnerado institucionalmente y vituperado desde el poder tendrá que hacer decisiones muy complejas que aseguren la celebración de elecciones en condiciones extremas. Los partidos políticos, por su parte, deberían mostrar altura de miras en su condición de instituciones de interés público y, por una vez, ver más allá de sus intereses. ¿Cómo generar certeza en el tiempo de la incertidumbre? Ese es el reto del INE. Lo que está en riego es mucho. En las elecciones del próximo nos jugamos el carácter democrático del Estado mexicano. Más vale que así lo entendamos.

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