Verdades para creyentes

Considerar que algo es verdadero sólo porque alguien lo afirma, es un riesgoso signo que lleva a fincar la verdad en las preferencias subjetivas.

Hay afirmaciones que se convierten en los referentes cotidianos, si bien, del debate; si no tanto, del ruido.

Cuestiones tales como: ¿hubo fraude en las elecciones del 2006?, ¿se rifará el avión presidencial? suelen llevar la discusión de los asuntos públicos en diversas y, aún más, disparatadas direcciones.

Qué se plantea, cómo se plantea, cuál es el interés o la intencionalidad, son también cuestiones que requieren ser consideradas para apreciar lo explícito o lo subyacente. La afirmación del fraude en el 2006 revive en el marco de renovación de consejero del Instituto Electoral; la rifa del avión como alternativa a la imposibilidad de encontrar a un comprador. Por contrastante que pudieran resultar ambos ejemplos, tienen en común que levantan corrientes de opinión relevantes.

Hay quienes dan por cierto que se dio un fraude electoral. Hay, por otra parte, quien da por cierto que rifará el avión. La cuestión, si de credibilidad se trata, es examinar aquello que soporta o apoya tales afirmaciones. En ambos casos se pone en juego la credibilidad: del sistema electoral, de las instituciones electorales (el INE y los Tribunales Electorales), en el primer caso; o bien de la palabra del presidente, en el segundo. En ambos casos se ponen en cuestión la credibilidad institucional.

Si por verdad entendemos objetividad, esto es, correspondencia de la representación mental con un orden real al cual el pensamiento debe sujetarse; que se afirme que es verdad que se dio un fraude electoral, se requiere contrastar tal afirmación con elementos que le den objetividad; y en eso, lo que hagan las instituciones electorales es vital. De igual manera sucede con la credibilidad de que sea realizable la rifa de un bien del gobierno. Tiene que ser creíble y la información objetiva.

Que los procedimientos electorales sean transparentes, imparciales; que quienes tomen las decisiones sean honorables, sin militancias partidarias, por ejemplo, construyen las fortalezas que ahuyentan las dudas y blindan la confianza. Si, por el contrario, los procedimientos son deseados, y los árbitros interesados, se abona el terreno para la sospecha. Si la decisión acerca de cómo disponer de un bien surge del conocimiento de su situación y de sus implicaciones, seguramente será errático.

La credibilidad se construye o se vulnera y, a la vez, se afecta la base de objetividad sobre la cual pueden hacerse juicios con pretensión de verdades.

Cuando se aleja la base de objetividad de las afirmaciones, la verdad se acerca a la creencia como manifestación de la subjetividad: es verdadero porque lo creo y porque quiero creerlo. Es una verdad como creencia.

Considerar que algo es verdadero simplemente porque alguien lo afirma, es un riesgoso signo que lleva a fincar la verdad en las preferencias subjetivas.

Son las verdades para creyentes.

 

Artículo publicado en La Silla Rota el día 11 de febrero del 2020

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