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La “justicia” que viene

Artículo publicado en Milenio, el día 28 de abril del 2021.

Ignacio Mier, coordinador de los diputados de Morena, expuso nítidamente la visión que priva en algunos círculos de la 4T: “Entre derecho y justicia, un transformador, un liberador, un revolucionario opta por la justicia”. Y añadió: “El conservadurismo opta por el derecho; el liberador —y somos parte de un movimiento transformador— opta por la justicia…”.

Estas ideas reproducen el credo del presidente López Obrador. Queda claro que sus acciones están orientadas por principios políticos, revestidos de “justicia” o “voluntad popular”. En su visión, el orden jurídico y sus instituciones, en particular aquellas con márgenes de autonomía como los jueces, son producto del “sistema neoliberal” y se oponen al impulso transformador.

Muchos de lo eventos recientes —el caso Zaldívar es solo un ejemplo— muestran esta tensión creciente que existe entre la arquitectura jurídica y la voluntad de cambio que encarna el Presidente de la República. Me temo que, a los hechos ya conocidos, en los meses que vienen se sumarán otros que llevarán al límite el sistema constitucional y a su inevitable fractura. Seguirá un planteamiento de cambio constitucional, parcial o total, que será la manera de consolidar la 4T. Un nuevo régimen que, como las “otras transformaciones” (1824, 1857 y 1917), se cimentará en una Constitución renovada.

Este guion no es nuevo. La experiencia comparada muestra que es la ruta que han seguido movimientos populistas de muy diversa índole. Como ha señalado Nadia Urbinati (Yo, el Pueblo, Grano de Sal, 2020) la democracia populista se da en un dualismo que opone a los muchos (que no tienen poder) y a los pocos (que tienen el poder), conduce a una forma de política representativa bajo el mandato de un líder y recurre a los mecanismos representativos (refrendos y consultas) como mecanismos de legitimación.

Así, por la vía parlamentaria, o por la ruta de consultas populares (no necesariamente las previstas en la Constitución), veremos propuestas de cambios sustantivos a las normas e instituciones que conocemos. La incógnita es su contenido pues a esta altura carecemos de una idea precisa del contenido de ese nuevo régimen que, lamentablemente, tiene giros profundamente autoritarios, no comulga con la división de poderes y busca afianzar una justicia que no es sino la voluntad del gobernante.

Para oponernos a eso, con claridad, habría que poner en marcha un ejercicio de imaginación y práctica política que sume democracia, inclusión, igualdad, derechos y responsabilidad. Lamentablemente no lo veo en el horizonte.

PD. Mientras retumban los tambores electorales, los signos vitales del país empeoran. Datos recientes muestran que el Estado de derecho se deteriora. El informe de Signos Vitales deja materia para reflexionar: bit.ly/3xnvYev.

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