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Revista “Gatopardo”, sección Columnas, publicada el 20 de mayo de 2021.

Liga: https://gatopardo.com/opinion/el-proceso-judicial-en-ante-la-ley-de-franz-kafka/

Las narraciones de Franz Kafka son particularmente reveladoras en cuanto a la extrañeza, la ininteligibilidad, el temor y hasta el absurdo de los aparatos burocráticos de los Estados modernos; quienes deciden, o bien, se ven forzados a relacionarse con ellos se pierden al intentar comprender su lógica, aunque la vida, el patrimonio y la libertad dependen de conseguirlo.

La brevísima narración “Ante la ley”, de Franz Kafka, apareció por vez primera en el almanaque de Kurt Wolff en diciembre de 1915. Con algunas variantes, fue incorporada en uno de los capítulos finales de la novela El proceso, publicada diez años después. A pesar de ello, se le puede considerar una obra autónoma, dotada de estructura y significado propios.

Su trama es simple: Un hombre del campo llega “ante la ley” y le pide al guardia que ahí se encuentra que le permita acceder a ella, sin embargo, éste le responde que no puede entrar en ese momento. El solicitante pregunta si podrá hacerlo más tarde y el guardián se limita a contestar: “Es posible, pero no ahora”. Como la puerta de la ley está abierta, el hombre se asoma para ver el interior. Al notarlo, el guardia se ríe y le advierte: “Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero ten en cuenta una cosa: soy poderoso. Y sólo soy el más humilde de los guardianes, cada uno es más poderoso que el anterior. Ni siquiera yo puedo soportar la vista del tercer guardián”.

El hombre piensa que la ley debería ser accesible “siempre y para todos” y se sienta a esperar que el guardia le franquee el paso. Durante un buen tiempo, el guardia le pregunta cosas generales y sin interés. El hombre le va entregando sus bienes, buscando con ello que lo deje entrar. El guardia acepta los objetos sin permitir que el hombre ingrese. Los acepta porque, dice, quiere reconocer los esfuerzos que hace.

La espera termina siendo tan larga que el hombre envejece y se deteriora. Presintiendo su muerte, se atreve a formular una pregunta al guardia, que en nada está mermado: “Todos ansían llegar a la Ley. ¿Cómo puede ser que, en todos estos años, nadie más que yo haya solicitado entrar?” Como el guardia sabe que el hombre morirá pronto, y ya no puede oírlo bien, le grita su respuesta: “Por aquí no podía entrar nadie más, porque esta entrada sólo estaba destinada a ti. Ahora me iré y la cerraré”.

La narración, poderosa y críptica, ha dado lugar a numerosas interpretaciones; muchos consideran que se trata de una parábola. Yo quiero acercarme a esta narración como alguien que hace y estudia el derecho.

Uno de los aspectos más relevantes es la posibilidad de que el hombre de campo deje de estar ante la ley y, en cambio, acceda a ella, pero la inutilidad de la espera, los ruegos y los sobornos del hombre, la consumación de su propia vida, nos hacen olvidar esa posibilidad.

Me explico: Lo que terminó por impedir la entrada del hombre fue la advertencia del primer guardia acerca de la complejidad de lo que vendría, específicamente, la dureza de los pasos que se deben dar una vez que se está dentro de la ley. Él nunca precisó en qué consistían las dificultades sucesivas, aquellas que impondrían los demás, ni describió el poder de cada guardián. Simplemente, se limitó a decir que la vista del tercero le parecía insoportable, incluso a él, que puede considerarse su par. Para mí, aquí está la clave de la narración. Lo que Kafka mostró –me parece– es la condición estructural de los procesos, la linealidad que se produce sobre quien, estando fuera de ellos, tiene que someterse a las tres instancias que comúnmente lo constituyen.

¿Por qué motivo no entra el hombre a la ley, aunque quiere y puede hacerlo, considerando que la puerta está abierta? Si leemos con atención, el guardia le hizo una advertencia, pero en modo alguno detuvo o lastimó al solicitante. Únicamente dijo lo que pasaría si atravesaba la puerta: habría guardias cada vez más poderosos y temibles. Quizá ellos, con sus crecientes poderes, podrían hacerle daño al solicitante. Así sucede en todos los juicios. En la primera instancia, la litis quedará fijada; en la siguiente, se revisará el primer proceso y, en la final –representada como un guardia poderosísimo y terrible–, se controlará la etapa intermedia y se dictará la última decisión. Entonces quedará definida y comprometida la vida, la libertad o los bienes de quienes, voluntariamente, decidieron estar dentro de la ley.

En esta narración Kafka hizo alusión al proceso judicial, es decir, al espacio privilegiado en el que actúan los jueces, guardianes de la ley por excelencia. Pensémoslo un poco: Las competencias de los jueces no se ejercen de manera conjunta o tumultuaria; ocurren, en cambio, caso por caso, instancia a instancia, como la narración dice que sucederá. La actuación de los jueces también depende de que las personas se acerquen a ellos para llevarles sus conflictos en forma de litigios. También es cierto que los jueces se desempeñan en niveles cada vez más complejos y, sin duda, atemorizantes, tal como lo advirtió el primer guardián. En la medida en la que uno avanza por el proceso judicial, los jueces tienen más posibilidades de lastimar, sencillamente, porque cuentan con más facultades para decidir y porque lo que resuelven los jueces finales será concluyente.

Kafka muestra que la puerta de la ley está abierta para todos como posibilidad, pero que, una vez dentro de los procesos judiciales, las condiciones de actuación de los jueces, las dificultades de realización del litigio y los efectos de las decisiones se imponen como algo ajeno al solicitante. Aquellos que eligen andar por el camino de la justicia habrán de asumir los costos de hacerlo y se encontrarán con más riesgos y mayores poderes. Una vez traspasada la puerta, nos dice Kafka, las personas quedarán instrumentalizadas al proceso mismo.

“Ante la ley” exhibe con toda claridad los procesos judiciales de su tiempo y, en mucho, la forma en que operan los procesos actuales. Se trata de un mundo de discrecionalidades y rigores inherentes. Se trata del poder que ejercen los jueces sobre los hombres en espacios y tiempos construidos y definidos por los primeros. Por ello –pienso– Kafka insertó el relato en un pasaje especialmente oscuro de El proceso, uno que precede a las palabras del sacerdote que conduce el juicio: “Formo parte del tribunal. ¿Por qué tendría que querer algo de ti? El tribunal no quiere nada de ti. Te recibe cuando vienes y te despide cuando te vas”.

Entrar a la justicia no es el problema. Su puerta está abierta y el acceso es posible. El problema está en asumir lo que la entrada implica: en soportar todo lo que le impone a quienes están en búsqueda de la ley.

*Las citas de El proceso provienen de la edición de Kindle de Penguin Random House, Barcelona, 2019, en la traducción al español de Miguel Sáenz.

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