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Artículo publicado en El Universal, el día 30 de noviembre de 2021.

El Comité de la Organización de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada rindió su informe de cierre de visita a México el pasado 26 de noviembre. Cuatro de los once miembros de ese organismo estuvieron en nuestro país del 15 al 26 de noviembre para revisar los avances de los informes de 2015 y 2018, y para constatar las situaciones que siguen sucediendo en esa materia. En la lectura del informe preliminar, la señora Carmen Rosa Villa Quintana señaló que la desaparición forzada en México es el “paradigma del crimen perfecto”. La frase es fuerte, pero, vista a la luz de la información recabada, desafortunadamente correcta.

El Comité dio cuenta en primer lugar de algunos avances. Se refirió sobre todo a avances normativos, como la expedición de leyes —las generales en Materia de Desaparición Forzada y la de Víctimas— y la creación de mecanismos —como el Protocolo Homologado de Búsqueda, el Mecanismo Extraordinario de Identificación o la comisión para analizar la llamada guerra sucia entre 1965 y 1990—. Sin embargo, más allá del establecimiento de normas, el Comité no encontró avances importantes en las prácticas de las autoridades federales, estatales y municipales. Por el contrario, identificó el carácter estructural de las acciones gubernamentales que permiten, solapan o coadyuban con las desapariciones.

Después de varios días de intenso trabajo, el Comité terminó por referirse a la situación generalizada de las desapariciones en todo el país y, lo que consideró igualmente grave por lo propiciatorio de todo ese fenómeno, la impunidad existente para los perpetradores y sus colaboradores. Lo adelantado por el Comité no debe perderse de vista, aun cuando a fuerza de repetir lo serio y lo severo de la crisis, las palabras vayan perdiendo su capacidad evocadora y con ello la comprensión de lo que quieren denotar.

El informe del Comité considera que la desaparición forzada de personas es un tema que se reproduce y perpetúa en un sistema conformado por delincuentes particulares, que actúan posibilitados por autoridades de diversas jerarquías. La gravedad del señalamiento radica en la abierta convivencia entre ambas. Los perpetradores de las desapariciones son tanto particulares como autoridades pero, más allá de ello, las segundas han generado una red de protección para los delincuentes y para ellas mismas. Tan es así, que el Comité habla de patrones de actuación consolidados en varias partes del territorio nacional. Son esas redes las que sustentan la idea del “crimen perfecto”. El que más de noventa y cinco mil personas estén desaparecidas y muchas otras sigan desapareciendo a diario, sin existir, ni lejanamente, no solo ya las capacidades de búsqueda y localización, sino las posibilidades de sancionar a quienes las llevaron a cabo.

En “El corazón de las tinieblas”, Joseph Conrad le da voz al personaje Kurtz para expresar como horror algo indeterminado y salvaje. Un algo que viene de un lugar físico y de una condición psicológica de gran profundidad. Las desapariciones individuales de personas y los daños a sus seres queridos tienen esa misma naturaleza. El no saber, el no entender y el no morir, lastiman y lastiman mucho a las personas. También a las sociedades. En todo ello, las autoridades actúan y respaldan. Participan y protegen, posibilitando, efectivamente, los crímenes perfectos. La perpetuación del horror cotidiano, latente y desgarrador, desde la incompetencia, la complicidad y la estigmatización. Nada hay en el horizonte que pueda sugerir un cambio. Solo tal vez la perfección del paradigma mismo.

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