Webinario "Turismo y pandemia"

Con la participación de Rosario Graham, Alberto Esteban Marina y José Roldán Xopa.

 


Consejeros electorales, la Constitución a prueba

Artículo publicado en La Silla Rota el día 28 de julio del 2020.

 

El diseño constitucional para la designación de consejeros electorales fue puesto a prueba y funcionó.

Que finalmente la Suprema Corte, según la regla, sea la que insacule a quienes ocupen los cargos, está pensada en el "no acuerdo". Y, paradójicamente, que sea el azar el método de selección fue un acicate, un incentivo, para lograr el acuerdo de todas las fuerzas políticas.

Nadie gana todo, ni nadie pierde todo.

Que todos los partidos políticos estén de acuerdo en quiénes serán los nuevos integrantes del Instituto Nacional Electoral es un gran paso. Se supera una de las objeciones de los últimos tiempos: la exclusión de una de las fuerzas políticas más significativas en los acuerdos para su integración. En tal integración, operó una combinación entre preferencias y vetos; las crónicas parecen indicar que en la decisión final la ausencia de vetos fue más relevante que las preferencias. La ausencia de vetos sobre las preferencias expresa también la relevancia de que sea la voluntad y no el azar, la base de la designación.

El acuerdo es también un punto de partida para construir la confianza que el INE debe aportar en el juego electoral. La presencia de nuevos consejeros posibilita también recomponer la tensa relación con el Ejecutivo.

Las anteriores implicaciones del acuerdo en la Cámara de Diputados tienen que ver y mucho con las reglas constitucionales.

En algún momento del proceso, en la principal fuerza política se planteó la posibilidad de "reponer" el procedimiento "devolviendo" las quintetas al Comité Técnico de Evaluación con el propósito de que éste presentara nuevas propuestas.

¿Qué implicaciones constitucionales se hubiesen presentado?

La inexistencia del Comité Técnico

Una primera es la relativa a la existencia misma del Comité Técnico. Es un órgano constitucional cuya existencia concluye con la presentación de las quintetas ante la Junta de Coordinación Política. La posible solicitud de que sean repuestas las quintetas enfrentaría como dificultad hacerlo ante un órgano que dejó de existir y, por tanto, ante la imposibilidad de su cumplimiento.

La primera implicación es acompañada de la ausencia de previsiones constitucionales para tal caso: no se prevé la posibilidad de rechazo de quintetas para su reposición; tampoco existen previsiones para reconstituir al Comité Técnico y realizar nuevas actuaciones. La reintegración de dicho Comité también se encuentra fuera de la voluntad de sus integrantes y de sus capacidades de disposición. La objeción a su trabajo lo colocaría también en un contexto de cuestionamiento a sus juicios sobre la idoneidad de los perfiles seleccionados que afectaría su razón de ser.

Los derechos de los aspirantes

Una segunda implicación es la relativa a los derechos de quienes forman parte de las quintetas y que a su vez fueron valorados como los mejores perfiles. La devolución de las quintetas implicaría una afectación a las reglas constitucionales de designación, las cuales prevén espacios regulados de discrecionalidad. Para el caso de la Cámara de Diputados en el ámbito que la Constitución y las reglas establecidas por la Junta de Coordinación Política se autodeterminaron: la selección de 20 perfiles de los cuales se integrarían las quintetas siguiendo un método aleatorio. Cada uno de los 20 integrantes y de las respectivas quintetas gozan ya de una aptitud para ser considerados en la designación y cuyo descarte de tal posibilidad no forma parte de las atribuciones de la Cámara.

El poder y el canto de las sirenas

Los anteriores efectos del diseño constitucional son deliberados. El cauce establecido para la designación de consejeros prevé como inevitable que haya una designación que puede llegar a prescindir de la decisión mayoritaria. Lo anterior puede ser una paradoja tratándose de decisiones que, en principio, se atribuyen a órganos mayoritarios como la Cámara de Diputados, pero tiene sentido si se aprecia a la función que en la democracia debe tener el INE.

La Constitución busca evitar escenarios de imposición de la mayoría respecto de un órgano que debe también ser un árbitro confiable también para las minorías. Es un diseño constitucional que busca minimizar la posibilidad de capturas.

En esto el Comité Técnico tiene una función que no obstante su corta temporalidad tiene jerarquía y relevancia constitucional. Se deposita en sus integrantes una relevante función de selección para la que ejerce atribuciones discrecionales no subordinadas a los órganos políticos. En la selección de la lista de los mejores perfiles el Comité no está sujeto a instrucciones y lo hace de una sola vez.

La discrecionalidad de designación de la Cámara de Diputados se mueve en el marco de las quintetas presentadas.

Más allá de las peculiaridades del proceso de designación que recientemente hemos vivido, y precisamente por la forma en que se ha vivido, incluidos sus accidentes, el diseño constitucional amerita ser apreciado con mayor horizonte.

Sin duda, la existencia de un Comité Técnico de selección así como las soluciones de emergencia consistentes en la selección por insaculación ante la propia Cámara de Diputados o, en su caso, por la Suprema Corte si no se realiza la primera, constituyen auto restricciones a las decisiones mayoritarias.

Ayuda para explicarlo recurrir a un pasaje de la mitología griega: Ulises y las sirenas.

En el regreso de Troya a Ithaca, Ulises y su ejército deben atravesar por las islas habitadas por las sirenas. Éstas poseen una voz capaz de cautivar a quienes escucharan sus cantos al grado de hacerlos perder la cordura y morir ahogados en el mar. Conociendo lo anterior y deseando oír el canto y, a la vez, no perecer, Ulises ordenó a su tripulación i) lo atase al mástil de la embarcación, ii) no obedecer ninguna orden suya para desatarlo del mástil y, iii) se tapasen los oídos con cera.

Así pudieron regresar a Ithaca.

La mitología tiene utilidad para explicar la propensión muy humana de sucumbir al gran atractivo de "hacer valer" el poder de las mayorías, ejercer el poder hegemónico y capturar instituciones si esto es posible.

El poder es como el canto de las sirenas.

La Constitución establece, como Ulises, una atadura al mástil y soluciones para evitar caer en tentaciones muy humanas.

Se trata, como bien lo ha analizado Jon Elster, en ataduras o auto restricciones que se justifican para alcanzar un bien mayor.

En nuestro caso, un árbitro electoral igualmente confiable para todas las fuerzas políticas.

La Constitución cumplió su función.


Webinario "Discriminación y pandemia"

Seminario en línea "Discriminación y pandemia", con la participación de Alexandra Haas, Carlos Heredia y José Roldán Xopa.

 


Webinario "Ejército y seguridad pública: La controversia constitucional"

Seminario en línea con la participación de José Antonio Caballero, Raúl Mejía y moderado por José Roldán Xopa.

 

 


Jueces sin Estado

Artículo publicado en La Silla Rora el día 23 de junio del 2020.

 

Cuando no se puede garantizar la seguridad de los jueces, tampoco se puede garantizar que la justicia funcione.

El Juez de Distrito Uriel Villegas fue asesinado en Colima. La información periodística da cuenta de los asuntos de alto riesgo sometidos a su jurisdicción. El ministro Zaldívar al informar de la noticia en el Pleno refirió que se trataba de un crimen de Estado.

El homicidio del Juez Villegas es y debe ser tan lamentable como la de cualquier persona, como la de su esposa.

Pero tiene un significado social específico que más vale hacer notar. Matar a un juez no es solamente segar una vida humana, es también atentar contra la función que desempeña, es afectar la justicia como valor humano y como condición de una sociedad civilizada.

Un juez, una juez, es un ser humano que toma decisiones sobre conflictos de otros seres humanos. Hay una decisión, luego de un procedimiento en el que cada parte tiene la oportunidad, en igualdad de condiciones, de presentar sus pruebas, puede decir lo que piense que puede convencer al juez. En eso reside la imparcialidad.

Pero la imparcialidad no es solamente una virtud o cualidad personal es también virtud o cualidad personal, es también, marcadamente, una condición institucional. Los jueces deben ser imparciales. Si un juez no es imparcial, no solamente cometería una falta personal, sino que traicionaría una función que se le ha encomendado. Cuando un juez es parcial, cuando el Estado no puede garantizar la imparcialidad de su sistema de justicia, sencillamente se erosiona la base de legitimidad y de viabilidad de la democracia.

La administración de justicia es un derecho de las personas que, desde su propio interés, buscan una decisión que les favorezca. La administración de justicia es también un bien público que forma parte de la percepción social, de la confianza que se tiene en aquello que llamamos Poder Judicial.

Si en los tribunales las decisiones se determinan por las influencias políticas de alguna de las partes, por el poder económico, por las amenazas contra el juez. Si los jueces son influenciables por razones ajenas a las pruebas, a los argumentos que plantean las partes en el juicio y orientan sus sentencias por cuestiones extrajudiciales, el bien público se pierde.

Si el crimen organizado no se limita a amenazar, sino a cumplir sus amenazas, porque puede; si las posibles consecuencias contra quien atente contra un juez pierden su capacidad disuasiva, la justicia como bien público se pierde.

Los jueces juzgan. Los jueces no investigan, no persiguen a los delincuentes; tampoco les corresponde aprehenderlos, ni cuidan que no se fuguen de las cárceles, ni garantizar la seguridad pública de manera directa. La función estatal de impartir justicia requiere de policías, de fiscales, de cuerpos de seguridad que hagan su parte y que también posibiliten que los jueces la realicen.

Los jueces requieren de seguridad y de protección para que la imparcialidad y la objetividad de sus decisiones sea posible.

Cuando no se puede garantizar la seguridad de los jueces, tampoco se puede garantizar que la justicia funcione.

La justicia requiere que el Estado funcione.

Hay crímenes de Estado por omisión.


Conferencia "Ética y responsabilidad de los servidores públicos"

Nos comenta sobre los códigos de ética, los dilemas, la sancionabilidad de las faltas.

Ejemplo:

¿El triage resuelve un dilema ético?

Lectura recomendada https://nexos.com.mx/?p=47691

 


Webinario "Mediación y pandemia"

Seminario en línea, con la participación de Carolina Castellanos, Guillermo Zepeda Lecuona y moderado por José Roldán Xopa.

¿Cómo resolver conflictos sin ir a tribunales?

¿Sí los tribunales se saturan, la mediación es una alternativa?

 

 


Conferencia "Responsabilidad de los servidores públicos"

- El cargo y la responsabilidad por rol

- La relación jurídica en el servicio público

- El cargo como un rol jurídico asumido por seres humanos.

 


Conmigo o contra mí... o contra mí mismo

Artículo publicado en La Silla Rota el día 9 de junio del 2020.

 

En la más terrenal y mundana política, la distinción entre amigos y enemigos tiene el peligro de prescindir del oficio de hacer política.

"O se es liberal o conservador", "o se está en favor de la transformación o se está en contra", "o se está conmigo o se está contra mí".

En lógica se conoce como la "falacia del falso dilema". En política, se trata de un recurso retórico muy antiguo, y, cuando se invoca desde un cargo público se afecta el rol que se asume en democracia.

La relevancia de la lógica en el lenguaje, en la expresión del pensamiento, en el ejercicio del poder y en la democracia no es cosa menor. Las palabras tienen poder, pueden seducir o suscitar aversión. Con palabras construimos la percepción que de los seres humanos se tiene. Y desde el poder, quienes lo ejercen, afectan a los demás y a sí mismos.

El emplazamiento a que se tome una definición, que en la misma sólo haya dos opciones y una de ellas implique el riesgo de ser calificado como adversario o enemigo, es en sí misma problemática y cuyas implicaciones y consecuencias requieren ser examinadas.

La trampa cazabobos

Una trampa es un artificio que se usa para la caza. Hay algo de engaño, por ejemplo, cuando se coloca un cebo o una carnada para atraer a la presa deseada. En la polarización se propicia el caldo de cultivo para orillar al partidario al apoyo y al adversario al repudio.

Al urgir la definición del conmigo o contra mí, la persuasión no solamente repudia al contrario, sino al "pusilánime", quién no se defina, lo sería por el solo hecho de no definirse. La carnada está en la convicción, en la valentía, en todo aquello que sea el envoltorio para darle un valor, una justificación. Los seres humanos requerimos de justificaciones.

La "falacia del falso dilema" tiene tal nombre porque contiene una trampa argumentativa, pues induce a pensar en sólo dos alternativas cuando hay muchas más y a negar una realidad mucho más compleja. La falacia simplifica, elude la necesidad de razonar y convencer, descalifica, por principio, las razones del otro; tiende a prescindir del debate.

En la democracia, recurrir a tal dilema tiene el gran riesgo de ignorar la pluralidad, y, paradójicamente, al simplificar el conflicto, fortalece y, a la vez, crea al adversario.

El dilema le facilita al adversario la elección del calificativo: "tú eres conservador" vs "tú eres comunista" o alguna otra forma de distinguir, no importa si resulta estridente, entre el bien y el mal, lo moral de lo inmoral.

No por nada el dilema se ha empleado en la narrativa religiosa: "El que no está conmigo está contra mí" (Mateo 12:30); o en política: "Cada hombre debe elegir entre nuestro lado o el otro lado" (Lenin); o en la cinematografía: "Si no estás conmigo, eres mi enemigo" (Darth Vader, Star Wars, Episodio III)

La trampa lleva a prescindir de las razones para invocar a la fe, a la creencia, cuando no al dogma. Si la distinción entre el amigo y el enemigo está en la calificación de "conservador" o "comunista" o la posición respecto de la "transformación", sin la posibilidad de atender a matices se cae en otra trampa la posibilidad de atender a matices, se cae en otra trampa, la del "salto lógico".

Responder al emplazamiento con un sí o un no sin discutir previamente lo que significa ser "conservador" o "liberal" o qué significa la "transformación", dirige a la conclusión sin pasar por las premisas. Por ejemplo, recurrir a símbolos religiosos para justificar un discurso político me podría parecer muy conservador y antiliberal. Firmar el TMEC me parece liberal e incluso neoliberal.

Definir una posición a partir de lo "anti" es igualmente riesgosa y tramposa. Si se urge tomar una posición a partir de que se está ante un "comunista", sin discutir previamente que se entiende por tal, se está lanzando una red para atrapar a tontos útiles (creo que diría Lenin) de la misma manera que si se les tacha a los otros de neo porfiristas.

La responsabilidad y el cargo

El ejercicio de cargos públicos coloca a las personas en un rol que va más allá de los "estilos personales". El cargo es un rol cuyas características se configuran jurídicamente independientemente de quien lo ocupe. Desde la Constitución hasta los Códigos de Ética o de Conducta, a la manera de un libreto recrean la forma en que deben ejercer el cargo los servidores públicos.

Los deberes de gestión, por ejemplo, están en la imparcialidad, en el trato respetuoso y digno que debe darse a las personas por quien ejerce el poder independientemente del sentido de su voto. La igualdad y no discriminación establecidos constitucionalmente vuelven intrascendente por quién votó "x" o "y", y lo anterior debería trasladarse al discurso de quien ejerce el cargo público quién dejó de ser candidato.

La responsabilidad por el cargo tiene su justificación subyacente en la ética de la responsabilidad a la que aludía Weber. El gobernante (el político con poder jurídico) es responsable de las consecuencias que sus actos causen en los demás.

La distinción es relevante si el trato es el mismo para todos o si es distinto en función de si es amigo o enemigo.

La visión entre amigo o enemigo depreda al Estado como bien público.

La trampa del éxito aparente

Que los falsos dilemas se empleen, sin duda se debe a su éxito. Los seres humanos necesitamos creer y la simplificación de opciones nos facilita la elección. Pero, la opción por dios funda religiones que no pueden prescindir del diablo para alimentar su existencia.

En la más terrenal y mundana política, la distinción entre amigos y enemigos tiene el peligro de prescindir del oficio de hacer política mediante acuerdos, consensos, de dar lugar a la cooperación.

Lo que suceda en el futuro es incierto, pero ahora conocemos los materiales para el empedrado de la ruta.